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Consumo SLOW: Hacer una pausa antes de comprar

No es ninguna novedad, aunque a veces lo olvidamos: el mercado fue, desde siempre, el espacio de interacción social por excelencia, y el comercio fue el que vinculó a los pueblos a lo largo y ancho del globo, desde Marco Polo y Colón hasta nuestros consumos diarios de tecnología asiática y cafés tropicales. En tiempos de pandemia, confinados a un aislamiento tan necesario como angustiante, “salir a comprar”, aunque sea desde la computadora o el celular, nos hace sentir como si pudieramos escaparle a la soledad, acercándonos a otros, ya sea con el envío de un regalo o con un gusto para uno mismo. El problema es que, a veces, la facilidad con que hacemos click no nos permite reflexionar sobre lo que estamos comprando. ¿Realmente lo necesitamos? ¿Cuánto lo vamos a usar? ¿Cómo dispondremos de este objeto una vez que no sirva más?

De esto queremos hablar: consumo consciente, consumo slow. Parte de la filosofía que defendemos desde Liveslow es la de una vida más tranquila, más sencilla, y eso involucra también a nuestros consumos.

El siglo XX ha sido el siglo en el que, como humanidad, hemos vencido la escasez, pero eso derivó en su contraparte, la sobreabundancia, lo que nos llevó a un siglo XXI en el que ni siquiera somos capaces de reconocer los excesos que cometemos en nuestros consumos cotidianos. ¿Cómo es posible que nuestros abuelos y nuestras abuelas se las arreglasen con dos juegos de ropa interior, dos camisas o blusas, un pantalón o una pollera y un saco o abrigo, y hoy sintamos la presión de comprarnos ropa nueva mientras nuestro placard estalla de prendas que ni siquiera usamos? Pedir comida está muy bien, pero ¿hace falta que venga en una bandeja plástica, envuelta en un papel de aluminio, con cubiertos descartables, dentro de una bolsa de polietileno?


Hoy sabemos que hay islas de plástico del tamaño de ciudades enteras navegando por los siete océanos, y que aún no ha desaparecido de la Tierra el primer pedazo de plástico que se fabricó. ¿Cuándo pondremos fin a este consumo desmedido? ¿Podrá partir de nosotros, o tendremos que esperar una catástrofe para que cambien nuestros patrones de consumo?


Durante la pandemia hemos escuchado a muchos especialistas comparar esta crisis sanitaria global con la que podría generar el cambio climático. Una experta decía al respecto: “La diferencia con la crisis sanitaria es que si tomamos acciones rápidas, como el aislamiento social, los efectos positivos son inmediatos; ante una crisis climática, ninguna acción generará cambios inmediatos”. Debemos comprender, entonces, que la crisis climática está sucediendo ahora mismo, luego de un siglo de consumo desmedido, y que está en nuestras manos sino solucionarlo, por lo menos, detener su empeoramiento.


En Liveslow creemos que se puede vivir de otro modo, que podemos relacionarnos entre las personas sin la necesidad de consumir más allá de nuestras necesidades. Estamos en contra de la obsolescencia programada, de las modas (que siempre son pasajeras), de los consumos efímeros para nosotros pero duraderos para el planeta. Creemos que un jean es suficiente, que es mejor reparar un producto que se rompió antes de comprar uno nuevo, que si darnos un gusto va a significar cantidades ingentes de plástico para el planeta, tal vez no nos convenga.


Esa es nuestra filosofía, y por eso, nuestro objetivo es que quien lo desee, pueda tener su propia Liveslow por mucho tiempo, limpiándola a diario y cuidándola, y que, llegado el caso, la pueda reparar con facilidad. Hace dos años que las producimos, y estamos orgullosos de decir que nuestros primeros clientes siguen teniendo su botella, tal como el primer día. Y gracias a ello, dejaron de comprar 110 botellas plásticas por cada año de uso. Hemos estimado que hasta hoy evitamos que más de 500.000 envases plásticos acaben abandonados en nuestro planeta.[1]

Creemos que el cambio es posible entre todos y que cada acción individual repercute en nuestro entorno. Liveslow es un mensaje. Es una forma de decir cómo queremos que sea el mundo en el que vivimos. Así que, si ya tenés tu Liveslow, nuestro deseo es que te dure muchos años y que nunca más tengas que comprar otra botella reutilizable (si se te llegase a romper, podés comprar el repuesto o solicitar su reparación con tu garantía). Y que, así como tomaste una decisión de consumo slow para beber agua, vayas adoptando este criterio para todos los consumos de tu vida.



[1] López Sardi, E. M. y Talarico Obón, J. J. (2016). “Análisis de puntos críticos en la cadena de suministro del PET postconsumo en Argentina”, en Ciencia y tecnología n.º 16, pp. 7-24. Disponible en https://www.palermo.edu/ingenieria/pdf2016/CyT_16_01.pdf

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